Voy a escucharte
y mi cuello subirá
y bajará
una y mil veces
pero nunca para los costados
porque así debes ser feliz
aunque sea esos segundos
que dura tu orden
o tu pedido grandilocuente
que hace de tu boca
un imperio
de palabras desfilando
como soldados.
Pero llega la noche
y tu cama
te enfría la médula
hasta mañana
cuando entres y digas hola
y escupas un misil
o un soldado atragantado.
lunes, 10 de mayo de 2010
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