Arriba,
arriba pequeño justiciero,
que el sol está quemando los pies
de ese pobre moribundo.
Arriba,
arriba pequeño justiciero,
que las sobras de mi cloaca están entrando en la casa
de esa vieja sin ojotas.
Y la corbata lo atraganta.
Mi risa lo condena.
Y su cara de expediente atrasado
le archiva el alma
en un cajón
sin desquicios.
lunes, 15 de marzo de 2010
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