Cuando la tarde cae,
alguien fabrica maleficios
y yo le contesto con un reggae podrido
de adivinanzas súper baratas.
Inútil. Pelotuda.
Y ahora que el vecino le grita,
de paso la caga a trompadas,
yo preparo mi discurso para los tribunales,
para ese conjunto de normas
respiratorias
que algún día buscarán salvarte.
Callate. Hija de puta.
La tarde se asfixia,
y su garganta lanza una llama,
que abriga,
te abriga,
como si ese sweater de odio
te fuera necesario para irte a la cama.
miércoles, 17 de marzo de 2010
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario