Ni el aliento de este vagón
puede destruir
el trote amable de dos piernitas
alejándose del mundo.
Ni vos,
Ni yo.
Ni todos los que fuimos
alguna vez
encomienda del hambre
y palabra viva.
Ni siquiera el sol
ardiendo desde el este,
como el adelanto
de una estrella enloquecida
que avecina a la muerte
y con ella la vida.
jueves, 1 de abril de 2010
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